February 2012
Harum Sarmiento. Animal suicida.
Sabía que pasaría, y allí estoy… aquí junto a una piedra que en el camino con amor lanzaron sentado, esperando… un rocío de mañana, una tormenta nocturna esperando un poco de agua para mi sed agua para limpiar la herida que se esconde tras la arena del desierto tras capas secas de sangre e infecciones, moscas muertas y pequeños zamuros animalejos que mojan su cuerpo por mis lagrimas de sal...
Suave encantamiento. Un poema del mítico Macedonio...
Profundos y plenos cual dos graciosas, breves inmensidades moran tus ojos en tu rostro como dueños; y cuando en su fondo veo jugar y ascender la llama de un alma radiosa parece que la mañana se incorpora luminosa, allá entre mar y cielo, sobre la línea que soñando se mece entre los dos azules imperios, la línea que en nuestro corazón se detiene para que sus esperanzas la acaricien y...
Ramón del Valle Iclán. Rosa en Job.
¡Todo hacia la muerte avanza de concierto, toda la vida es mudanza hasta ser muerto! ¡Quién vio por tierra rodado el almenar y tan alto levantado el muladar! ¡Mi existir se cambia y muda todo entero, como árbol que se desnuda en el enero! ¡Fueron mis goces auroras de alegrías, más fugaces que las horas de los días! ¡Y más que...
César Aira. Una novela china (pedacito...
De todos modos, compró la cajita junto con los dijes, aunque más no fuera para que no la comprara Hua, cuya vulgaridad lo deprimía. Había notado que miraba con interés al desconocido sodomita. El descubrimiento de esa clase de interés siempre está latente. Con el pretexto de que el humo de los cigarrillos podía hacerle mal a Hin mandó salir a la señora Whu, que la tenía en brazos y que había...
Antonio Machado. Dicen que el ave divina...
Dicen que el ave divina trocada en pobre gallina, por obra de las tijeras de aquel sabio profesor (fue Kant un esquilador de las aves altaneras; toda su filosofía, un sport de cetrería), dicen que quiere saltar las tapias del corralón, y volar otra vez, hacia Platón. ¡Hurra! ¡Sea! ¡Feliz será quien lo vea! 40. Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales: el ómnibus que arrastran...
Chuck Palahniuk. El club de la lucha (fragmento).
Tenía que preguntárselo. Tenía que saber qué había estado haciendo Tyler mientras yo dormía. Si me despertara en un lugar distinto, en un momento diferente, ¿lograría despertarme siendo otra persona? Le pregunté a Tyler si era artista. Tyler se encogió de hombros y me indicó que los cincos troncos eran más anchos por la base. Tyler me mostró la línea que había trazado en la arena y la forma en que...
William Faulkner. El sonido y la furia...
Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su...
Mark Twain. Huckleberry Finn (fragmento).
Pasaron dos o tres días con sus noches; creo que podría decir que pasaron nadando, que se deslizaron, callados, serenos, hermosos. Así pasábamos el tiempo: allá abajo el río era monstruosamente grande…, en algunos lugares tenía una milla y media de ancho; por la noche navegábamos, y de día parábamos y nos escondíamos; en cuanto empezaba a hacerse de día dejábamos de navegar y amarrábamos la...
Gibrán Jalil Gibrán. Las dos ciudades.
La Vida me tomó en sus alas y me condujo a la cumbre del Monte de la Juventud. Después me señaló a su espalda y me invitó a que mirase hacia allá. Ante mis ojos se extendía una ciudad extraña, de la cual emergía una humareda oscura de múltiples matices, que se movían lentamente como fantasmas. Una tenue nube ocultaba casi completamente la ciudad de mi vista.
Tras un momento de silencio, exclamé:
...
Rabindranath Tagore. Las razones del niño.
Si quisiera, el niño podría volar ahora mismo al cielo.
Pero tiene sus razones para no dejarnos.
Toda su felicidad consiste en descansar su cabeza en el seno de su madre; por nada del mundo dejaría de verla.
La sabiduría del niño se expresa en sutiles palabras. ¡Qué pocos son los que pueden comprender su sentido! Si no habla, es que tiene sus razones.
Lo que más desea es aprender la lengua...
Franz Kafka. El paseo repentino.
Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado...
Edwin Morgan. La sombra de las jugadas.
En uno de los cuentos que integran la serie de lo Mabinogion, dos reyes enemigos juegan al ajedrez, mientras en un valle cercano sus ejércitos luchan y se destrozan. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oírlos e, inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro. Gradualmente se aclara que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego....
Néstor Luis González. El discurso del héroe.
Espero no defraudaros, pero no quiero llevar un nombre. Prefiero que me llamen como mejor os parezca. Díganme fulano, amigo, como sea. Nunca supe de padres, ni de familia, ni de amigos que se ocuparan de ponerme al menos un apodo. Cuando era niño y mendigaba por las calles de este pueblo, me decían niño; cuando era un mozo me decían mozo; cuando me volví cargador de agua todos vosotros me decían...
Oliverio Girondo. Dietética.
Hay que ingerir distancia, lanudos nubarrones, secas parvas de siesta, arena sin historia, llanura, vizcacheras, caminos con tropillas de nubes, de ladridos, de briosa polvareda. Hay que rumiar la yerba que sazonan las vacas con su orín, y sus colas; la tierra que se escapa bajo los alambrados, con su olor a chinita, a zorrino, a fogata, con sus huesos de fósil, de potro, de tapera, y sus largos...
Manuel Altolaguirre. Estoy perdido.
Profeta de mis fines no dudaba del mundo que pintó mi fantasía en los grandes desiertos invisibles. Reconcentrado y penetrante, solo, mudo, predestinado, esclarecido, mi aislamiento profundo, mi hondo centro, mi sueño errante y soledad hundida, se dilataban por lo inexistente, hasta que vacilé cuando la duda oscureció por dentro mi ceguera. Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo, entre...
Boris Pasternak. Hay que vivir sin imposturas...
Hay que vivir sin imposturas Vivir de modo que con el tiempo Nos lleguemos a ganar el amor del espacio, y oigamos la voz del futuro. Hay que dejar blancos En el destino y no en el papel y en los márgenes anotar Pasajes y capítulos de la vida entera. Debemos sumirnos en el anónimo Y ocultar en él nuestros pasos Tal como se oculta el paisaje Tras una niebla espesa. Otros siguiendo tus huellas,...
Paul Géraldy. ¿Intentas otra vez reñir?
¿Intentas otra vez reñir? Ya escucho llanto y explicaciones. Sí mucho amamos, regañamos mucho, y así termina todo en discusiones. Por esta sola vez quiero que calles, mientras, yo con cariño, sin recordar disputas y detalles desato tu corpiño… Lo que intentas decirme de antemano te digo que lo sé; explicarte, reñir, hablar en vano, y todo … ¿para qué? Cuando luego el vestido...
Harum Sarmiento. Ahora.
Ahora… me acabo de dar cuenta que cuando el silencio está cerca… cuando respiras su aroma por el hombro… su presencia en el espacio… cuando se vive en el silencio!; le pienso… Hace pocos días me dije, “será que cuando se derrumba el mundo, cuando la gente no para de gritar y tocar corneta de insultarse en las esquinas y fijarse únicamente en los defectos ajenos; será que cuando la contaminación...
Blas de Otero. Lo fatal.
Entre enfermedades y catástrofes entre torres turbias y sangre entre los labios así te veo así te encuentro mi pequeña paloma desguarnecida entre embarcaciones con los párpados entornados entre nieve y relámpago con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza entre diputaciones y farmacias irradiando besos de la frente con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo con tu vientre de hostia transparente...
Blas de Otero. Juicio final.
Yo, pecador, artista del pecado, comido por el ansia hasta los tuétanos, yo, tropel de esperanza y de fracasos, estatua del dolor, firma del viento. Yo, pecador, en fin, desesperado de sombras y de sueños: me confieso que soy un hombre en situación de hablaros de la vida. Pequé. No me arrepiento. Nací para narrar con estos labios que barrerá la muerte un día de éstos, espléndidas caídas en...
Pablo Neruda. Poema 15.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía; Me gustas cuando callas y estás como distante. ...
José Antonio Ramos Sucre. Ancestral.
El sol, después de mediar su viaje, introduce por la vidriera un rayo oblicuo. No se da otra señal del curso del día. La vidriera espesa y triple defiende del ruido exterior de la sala de los caballeros. Los postigos permanecen cuidadosamente cerrados y uno solo de ellos permite la infiltración del rayo oblicuo del sol. Los muebles arrimados a la pared, asoman entre la penumbra. Intentan acaso...
José Antonio Ramos Sucre. El nómade.
Yo pertenecía a una casta de hombres impíos. La yerba de nuestros caballos vegetaba en el sitio de extintas aldeas, igualadas con el suelo. Habíamos esterilizado un territorio fluvial y gozábamos llevando el terror al palacio de los reyes vestidos de faldas, entretenidos en juegos sedentarios de previsión y de cálculo. Yo me había apartado a descansar, lejos de los míos, en el escombro de una...
Harum Sarmiento. Tú en mí.
Inexorable tu presencia ante mi pequeña humana condición de extrañar. Andrajosos y olvidados fastos, colgados bajo polvo vertical de amnesia decoran la fachada de aquel viejo monumento, que detenido sobre el tiempo ruega piedad de su existir, clama sangrando agonía sus deseos de volar, correr, andar… Monumento histórico y mutilado… lo que queda de monumento, las sobras del pasado, gotas de...
André Breton. El águila sexual exulta una vez...
El águila sexual exulta una vez más va a dorar la tierra Su ala descendente Su ala ascendente agita imperceptiblemente los mangos de la menta picante Y el adorable desnudarse del agua Los días están contados tan claramente Que el espejo ha hecho sitio a un entramado de frondas No veo del cielo más que una estrella Alrededor de nosotros sólo existe la leche describiendo su elipse vertiginosa...